Arqueología en la Ciudad Histórica [Diego Peris Sánchez]

Vega Baja. Circo romano insertado en la zona.

La aparición de dos bóvedas romanas pertenecientes al anfiteatro de Toledo en las obras de una vivienda en Toledo vuelve a plantear interrogantes y cuestiones. Se trata de dos bóvedas del anfiteatro romano localizadas en un solar de la calle Honda.

 Cada vez que surge un descubrimiento arqueológico significativo en la ciudad, una obra de especial envergadura se vuelve a plantear la pregunta de Rossi en Por una arquitectura de tendencia: ¿Qué hacer con nuestras viejas ciudades? Pero, afortunadamente creo que ya hemos respondido a esa cuestión eligiendo una ciudad viva como modelo de mantener la realidad urbana del conjunto histórico, pero también queremos mantener la memoria histórica del lugar y hacer compatibles los elementos históricos con la vida contemporánea y no sólo eso sino entender que esa realidad histórica construida es un tesoro a valorar y conservar como recurso de nuestra identidad, de nuestra memoria, de nuestra vida y (en última instancia) de nuestra economía y turismo. Por ello mi reflexión quiere ser más práctica y concentrada en tres aspectos cotidianos:

1/ De leyes y reglamentos.

Toledo tiene los requerimientos legales para poder gestionar su patrimonio arqueológico adecuadamente: un Plan Especial con su Carta Arqueológica incluida y sus ordenanzas urbanísticas correspondientes, pero sigue generando sorpresas e incertidumbres en las actividades edificatorias. Tenemos ya la experiencia y la práctica necesaria para poder avanzar en la definición de un control reglamentario de las mismas.

La actividad edificatoria requiere obligatoriamente el control arqueológico previo. Afortunadamente la Ley del Patrimonio Histórico (el nombre sigue siendo totalmente vigente) de 1985 definía la propiedad colectiva de los restos arqueológicos y su necesario control. Pero un control que debe asociarse a la actividad que se quiere realizar. Cuando los trabajos arqueológicos requieran avanzar en mayores contenidos por su extensión o amplitud del estudio, estos deberán contar con la ayuda pública necesaria.

La arqueología debe ir avanzando en una cierta “secularización” de sus contenidos. No todo lo estudiado por el hecho de ser “antiguo” tiene valores que exijan su conservación y musealizacion. En ocasiones la actividad deberá documentar, dejar constancia de lo encontrado y avanzar en la renovación que se lleva realizando desde hace siglos en todas las ciudades y lugares y que es también uno de sus valores esenciales.

Debe existir una valoración global de lo estudiado arqueológicamente en el contexto de la ciudad, en su encuadre histórico y en su estado de conservación. Y esa valoración debe ser realizada colectivamente desde la administración responsable. Pero aquí conviene hacer una reflexión esencial. La administración lo debe hacer razonadamente, en plazos acotados y con la valoración económica exigible. Asistimos a diferentes propuestas, especialmente urbanísticas, en las que la solución llega de la mano de la reducción del control administrativo. El control deberá seguir existiendo, pero dotando a la administración de los medios para resolver, con conocimiento, con recursos y en plazos acotados las decisiones a adoptar.

Los conocimientos de la arqueología, como los de otras actividades deben abrirse a compartirse por todos, asumiendo las autorías y propiedades intelectuales, pero también con la obligatoriedad de compartirse para tener un ámbito común de información, especialmente necesario en la arqueología urbana.

2/ Buenas prácticas.

Tenemos en la ciudad ejemplos de buenas actuaciones que de forma simplificada situaría en tres ámbitos de los que solamente presento algunos ejemplos:

Integración de los restos en la nueva construcción o en la rehabilitación: un ejemplo de ello puede ser el proyecto de la Universidad de Castilla-La Mancha en Madre de Dios. Ejemplo de integración, de accesibilidad y también de los importantes costes económicos que supone. Las dimensiones del hallazgo de la calle Honda bien podrían situarse en este modelo. La relevancia histórica del resto, sus dimensiones y su posible accesibilidad deben ser elementos para considerar en las condiciones de conservación impuestas desde la administración. Los expertos en este periodo conocían su existencia desde hace décadas, pero es buena su materialización y posible estudio, aunque sea parcial.

Ruinas conservadas en el interior de Madre de Dios.

Separación de lo encontrado como unidad construida independiente: es el caso de las actuaciones ejemplares del Consorcio de Toledo en las Termas romanas o en la Cueva de Hércules. Son actuaciones singulares limitadas a elementos parciales de especial interés que pueden mantenerse en un nivel de extensión y amplitud suficiente.

Actuaciones en grandes espacios exteriores de la ciudad. El caso del cerro del Bu es un buen ejemplo de actuación. El circo romano sigue esperando una buena recuperación total, si se me permite la opinión, alejada de camuflajes verdes y de propuestas de disneyficación que diría Harvey en sus Ciudades rebeldes. Otros proyectos como la Vega Baja de Toledo sufren el abandono, ya van décadas, de una protección legal firme y de inversiones planificadas en materia arqueológica, además de posibles equipamientos.

Cerro del Bú. @Toledodiario.es

Son ejemplos de buenas prácticas (el Plan Director de la Vega Baja por cierto fue reconocido como Buena Práctica por Naciones Unidas) que podrían ser referentes de actuaciones futuras. Actuaciones que deben encuadrarse en un contexto amplio cultural y urbanístico. “No se trata de suprimir el control y la defensa del patrimonio, sino de separarlo de los escuetos datos históricos y arqueológicos e incorporarlo a todo el proceso urbanístico. La conservación del patrimonio hay que controlarla desde los proyectos urbanos y no desde la visión unidireccional de un solo especialista” decía Bohigas.

Vega Baja.
3 ¿Un proyecto cultural para CLM?

Pero la pregunta de Rossi sigue siendo perfectamente pertinente y necesaria. Y requiere respuestas en lo relativo a nuestros conjuntos históricos: planes especiales en tiempos concretos, proyectos de rehabilitación de lo residencial y urbano con ayudas e impulsos públicos y privados y propuestas de futuro desde la valoración cultural como valor esencial que define la comunidad.

Circo romano.

La realidad cultural de CLM lleva años, casi décadas, diluida en un proceso de indefiniciones de programas, proyectos y de inversiones reales en materia de cultura. Y eso se ha hecho especialmente patente en la conservación del patrimonio arquitectónico y arqueológico. Se ha perdido el necesario protagonismo exigible a la administración regional en materia de rehabilitación y restauración cediendo el mismo a la subvención con reducido control o a la actividad turística como directora de las propuestas a desarrollar.

Una aparición de restos arqueológicos como los que se han hecho presentes en la calle Honda de Toledo deberá tener su respuesta adecuada, austera, rápida y eficaz desde la administración para tener la seguridad de que nuestro pasado patrimonial, que nos pertenece a todos, se conserva y mantiene en las adecuadas condiciones.

Diego Peris, doctor arquitecto.

El autor preside actualmente la Fundación Miguel Fisac

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