La admirable excelsitud o la insoportable levedad de la lechuga [Antonio Illán Illán]

A mesa puesta

Las hojas arrugadas de la lechuga forman una especie de haz y el haz siempre simboliza la coherencia y la unidad. Las hojas apiladas unas sobre otras, como una columna griega que se expande, es el poema que conmemora todos los sucesos de su vida creciente, cuya alma chupa de la tierra. Es la lechuga. Es la música verde que blanquea cuando la mano suavemente va retirando capas hasta llegar al cogollo prieto. Toda la música de Schömberg ahí, luego deconstruida en el plato y puesta ante los ojos como un cuadro de Kandinsky. Hojas sobre hojas, invariable patrón rítmico de un baile quieto. Nos parece simétrica, pero no lo es. Verde que te quiero verde, verde vientos verdes ramas…el barco sobre la mar y la lechuga en la ensalada. ¡Oh! gran lechuga del mundo, me recuerdas a Marcel Duchamp y su obra La boîte verte. La mariée mise à nu par ses célibataires, même.

La vida moderna nos conduce, gastronómicamente, por el camino de la ensalada, ¡como si la ensalada no hubiera sido ya un plato típico en las comidas de gala milanesas del siglo XV o en las francesas del rey sol, Luis XIV! Ensalada multiforme y heteróclita, cuyo secreto reside, además de en las bondades de su ingrediente esencial, la lechuga, en la inteligencia de la persona que tiene el arte del aliño para equilibrar las proporciones, a sabiendas de que hay que ser avaro con el vinagre, pródigo con el aceite y sabio con la sal.

La lechuga, tan verde por fuera y tan blanca por dentro, tan tersa y tan refrescante, tan pía y tan ética, mantiene, ¡quién lo diría!, relaciones con la mitología clásica. Lechuga, Dios, dame lechuga, decía mi abuelo. Diosa y no Dios, tenía que haber dicho. La lechuga y Venus, la diosa del amor, se entienden. Estos aires divinos nos vienen a explicar por la vía de la leyenda algunas de las propiedades naturales, que tan alabadas, estimadas y utilizadas han sido por quienes saben llevar lo bueno de los dioses a la mesa.

Los antiguos helenos, y quizá antes los hindúes, ya tenían predilección por esta planta, que recogían en su delgaducho estado silvestre con su largo tallo como el de la col. Los romanos, degustadores de todo tipo de placeres, fueron quienes le dieron el nombre con el que hoy se la conoce: “lactuca”, que hace referencia a una sustancia de aspecto lechoso que se contiene en sus tejidos.

Antigua y mítica lechuga. Su leyenda se adentra en el universo de la India, en Egipto, en Grecia y Roma. Sobre la lechuga se han escrito y contado hermosas leyendas míticas, plenas de alegórica sabiduría. Aquí lo dejaremos en síntesis, lo mismo que aquel novelista de una de las narraciones de Giovanni Papini, que, resumiendo y resumiendo, redujo una obra de dos mil páginas a un párrafo. Me quedo con alguna y la cuento a mi aire. Continuar leyendo

Toledo y un dragón en dos tabernas [Luis Moreno Domínguez]

Grabado Luis Moreno

A mesa puesta

Toledo es conocido en todo el mundo por haber albergado entre sus murallas tres culturas que han dotado a la ciudad de un carácter arquitectónico y urbanístico singular. Cada una además aportó su cultura gastronómica que, no es solo el tipo de manjares que se comían sino también la manera de enfrentarse a su degustación y que han dejado poso aún hoy en multitud de recetas. Muchos desearíamos que poco a poco a la ciudad se le fuera conociendo también por sus méritos del condumio y, aunque este no es el tema que me gustaría tratar ahora, espero poder hacerlo en alguna otra entrada del blog. Continuar leyendo

El arte arquitectónico de la torrija [Antonio Illán Illán]

A mesa puesta

Hay un arte permanente que dura siglos, como la Venus de Willendorf, las pirámides de Egipto, L’origine du monde de Courbet o los toros de Guisando, y otro arte efímero que se va en un suspiro, como es el arte gastronómico, que atesora sublimes monumentos, entre otros, la torrija. Continuar leyendo