Revelar lo invisible [Benito Jiménez Alcalá]

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Rachel Whiteread (Londres, 1963) ganó el prestigioso premio Turner en 1993 con la escultura e instalación House, uno de sus más conocidos trabajos y con el que inició una serie de grandes encargos públicos, entre los que destaca el controvertido memorial del Holocausto en Viena finalizado en 2000. Su proceso de trabajo consiste en obtener el envés de lo que habitualmente vemos.

Para ello moldea objetos cotidianos, el espacio arquitectónico o aquellos espacios intersticiales que rodean o envuelven muebles y objetos, tales como ventanas y puertas. Hace uso de materiales corrientes que van desde goma, pasta dental, plástico, cera y resinas, capaces de constatar la más pequeña imperfección o irregularidad; hasta el yeso o el cemento en las esculturas de mayor tamaño. En todos los casos, juega con el efecto y la textura que produce la impresión del elemento, además de efectos de transparencia y peso del material.

House supera la idea tradicional de monumento y busca nuevos significados a través del diálogo con el entorno, el paisaje, la técnica y los nuevos materiales. La artista dio aquí forma sólida al espacio interior de una casa victoriana del siglo XIX, a escala real y en el lugar exacto que ocupaba antes de ser derruida. Materializó con hormigón compacto y en negativo el inmaterial espacio interior, al tiempo que hacía desaparecer sus envolventes: muros, ventanas, cubiertas y forjados. El proceso de ejecución no por simple fue menos complicado. Consistió en sellar herméticamente los orificios de la vivienda para, a continuación, bombear en su interior hormigón fresco hasta colmatarlo. El desmoldado se produjo con la demolición de todos los elementos constructivos. El resultado del paradójico proceso de inversión consigue convertir aquello que es prosaico e insulso, en algo fantasmagórico e inquietante. Lo ordinario deviene en extraordinario, mientras que el espacio, entendido como vacío, se transforma en objeto tangible, atemporal y eterno. A pesar de lo inerte del material, en la escultura hay un organicismo implícito que se deja sentir en las texturas que reflejan el uso y el paso del tiempo, y el rastro de la ubicuidad humana, de la vida en definitiva. Lo efímero del mundo doméstico, que es reservado y oculto, aparece aquí revelado, exhibido y congelado. La escultura se hace así narrativa, al atestiguar el rastro biográfico y vital de la casa.

Con House la artista llevó por primera vez su técnica de moldeado a escala paisajística. Es una pieza al aire libre que contrasta con la ciudad circundante y, como sucede con el Land Art, al ser destruida se convirtió involuntariamente en efímera. Generaba así un sugerente diálogo entre las viviendas existentes y la que existió, entre lo vacio y lo lleno, entre el envoltorio y lo envuelto, y entre pasado y presente. Y del mismo modo que el Land Art, la obra contiene una crítica implícita al espacio desolado y abandonado de la ciudad, el terrain vague, repetitivo y depresivo, pero que alberga vida oculta y singular en sus entrañas, que es la que House consigue inmortalizar.

Benito Jiménez Alcalá, doctor arquitecto.

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